Palabras de espiritualidad

El alto sitio de la Madre del Señor en nuestra vida

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Su poder es ilimitado porque su oración es poderosa y hace de intercesora para que se derrame sobre nosotros el poder que procede del poder de su Hijo y Dios nuestro.

Un padre espiritual, que Dios lo ayude —quizá algunos de ustedes lo conozcan—, el padre Arsenie Papacioc, de Techirghiol, tiene una frase fundamental en su libro “Convorbiri duhovnicești” (Conversaciones espirituales): “Lo que Dios puede hacer con Su poder, la Madre de Dios puede hacerlo con su oración”.

La Madre de Dios puede ayudarnos, por medio de sus oraciones, a recibir las bondades de Dios. Su poder es ilimitado porque su oración es poderosa y hace de intercesora para que se derrame sobre nosotros el poder que procede del poder de su Hijo y Dios nuestro.

Los fieles desean saber muchas cosas acerca de la Madre de Dios y, con el tiempo, han surgido incluso ciertas invenciones, algunos relatos sobre ella que pretenden llenar ese vacío. Sin embargo, en realidad, ese vacío es mucho más elocuente que todo lo que pueda decirse acerca de la Madre de Dios, sobre todo por parte de personas que no tienen la preparación necesaria. Por ejemplo, “El sueño de la Madre de Dios” es un libro apócrifo que pretende decir algo sobre la Madre de Dios, pero algo que no corresponde al pensamiento ortodoxo auténtico. Por eso, nos resulta más provechoso tener presentes las pocas informaciones que tenemos acerca de la Madre de Dios, aquello que es auténtico dentro del pensamiento ortodoxo, y conformarnos con ese poco. De hecho, ese poco que encontramos acerca de la Madre de Dios en los Santos Evangelios nos dice mucho más sobre ella que toda esa abundancia de relatos que, a fin de cuentas, no es más que un relleno.

También han aparecido algunos libros sobre la vida de la Madre de Dios que, en realidad, no dicen gran cosa. ¿Por qué? Porque la Madre de Dios fue humilde y no se puede decir mucho acerca de ella. En la Sagrada Escritura se dice poco, y quienes, en otros escritos, cuentan algo sobre la Madre de Dios o pretenden decir algo extraordinario acerca de ella no están capacitados para hacerlo. No pueden. ¿Por qué? Porque, al ser humilde, la Madre de Dios no quiso atraer la atención de la gente hacia sí misma. Su deseo era que nuestro Señor Jesucristo fuera quien recibiera la atención de los hombres.

En las bodas de Caná de Galilea, les dijo a los servidores de la boda: “Haced lo que Él os diga” (Juan 2, 5). Es decir: “También yo os digo algo: os digo que hagáis lo que Él os diga, no lo que yo os diga. Yo no soy quien debe daros instrucciones; escuchadlo a Él, a Jesús”..

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, p. 83)