El arte de saber luchar contra el maligno
También nosotros debemos urdir hábiles recursos de defensa, llenos de reverencia a Dios y sin malicia, para destruir el poder de sus artimañas.
El maligno urde la trama del engaño. Sin que nosotros nos demos cuenta, prepara sus trampas. Pero, con su fervor por Cristo, la fuerza del alma escapa de esos peligros y se dirige hacia Cristo.
Luchar contra tu enemigo es un esfuerzo que implica combate y tensiones. En el amor de Cristo, en cambio, no hay nada forzado. Aquí, la fuerza del alma se transforma sin esfuerzo. No debemos oponernos con los mismos medios. ¡Seamos indiferentes con el maligno! Esta indiferencia ante el enemigo es un gran arte. El arte de las artes. Solo se alcanza con la Gracia Divina. Enfrentar el mal por la Gracia de Dios se hace sin derramamiento de sangre y sin esfuerzo. Sin forcejeos ni tensiones.
¿Qué he dicho? ¿No he dicho acaso que el demonio es muy astuto? Sus artimañas son perversas. ¡Qué terror! Por eso, también nosotros debemos urdir hábiles recursos de defensa, llenos de reverencia a Dios y sin malicia, para destruir el poder de sus artimañas. ¿No dice esto mismo el Apóstol Pablo a los efesios? “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de las tinieblas de este siglo, contra los espíritus del mal que están en las regiones celestes. Por eso, tomen todas las armas de Dios, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberlo vencido todo, permanecer firmes” (Efesios 6, 12-13).
(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003, p. 249)
