Palabras de espiritualidad

El cristiano como miembro de la Iglesia

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Si el hombre fuera el timonel de la nave de la Iglesia, la tempestad la habría destruido por completo; pero el timonel de la Iglesia, entonces y ahora, es el Espíritu todopoderoso de Dios.

Debes esforzarte y ser diligente, no vivir preocupado. Esfuérzate y sé un devoto de la verdad y la santidad de Dios, y déjale a Él tus preocupaciones. Él quiere de nosotros lo que está en nuestras manos, no lo que pertenece solo a las Suyas. El Señor dijo: “¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir un palmo a su estatura?”. Por lo tanto, con plena confianza en nuestro Creador, cumplamos la tarea que se nos ha dado y no nos angustiemos por todo lo que vendrá ni por todo lo que podría venir. Más puede una gota de oración que un mar de preocupaciones. Y, sobre todo, no debemos angustiarnos con desesperación por la Iglesia de Dios. Si hay algo en este mundo que tiene asegurada la victoria final, es la Iglesia de Cristo: “Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

San Gregorio el Grande, al describir la Iglesia de su tiempo, la compara con “una barca vieja, destrozada por la tormenta, en la que entra agua por todas partes, porque sus tablas están podridas y desgastadas por las olas de cada día”. Sobre la gente pesaban entonces grandes calamidades: hambre, enfermedad, guerras, desesperación; a causa de los frecuentes conflictos, la población había disminuido, la tierra estaba abandonada; nadie quería ya casarse, porque todos pensaban que el fin del mundo estaba cerca. Así era la situación de la Iglesia hace doce siglos. Sin embargo, el fin no llegó; la situación se enderezó; la Iglesia se fortaleció y creció. Si el hombre fuera el timonel de la nave de la Iglesia, la tempestad la habría destruido por completo; pero el timonel de la Iglesia, entonces y ahora, es el Espíritu todopoderoso de Dios

(Traducido de: Episcopul Nicolae VelimiroviciRăspunsuri la întrebări ale lumii de astăzi, volumul II, Editura Sophia, București, 2003, pp. 266-267)