El demonio no se le acerca al cristiano que ora sin cesar

 

El Apóstol Pablo nos ordena: “Orad sin cesar”, para mantenernos indemnes ante las afiladas saetas que el maligno nos arroja de forma atroz y sin tregua.

No hay un auxilio más necesario, más útil y más grande, para la lucha contra las pasiones del cuerpo, que la oración incesante, repetida con devoción, fe y piedad.

Precisamente por eso es que el Apóstol Pablo nos ordena: “Orad sin cesar”, para mantenernos indemnes ante las afiladas saetas que el maligno nos arroja de forma atroz y sin tregua, ¡El demonio no se le acerca al cristiano que ora sin cesar y conscientemente, porque le da miedo!

Cuando alguien peca, dice San Basilio el Grande, lo hace porque no está cerca de Dios. Así pues, cuando el maligno, o cualquier persona, como una mujer sin escrúpulos, nos incita a caer en los apetitos más vergonzosos, debemos responderle con valentía y enojo: “¡Retrocede, malvado! ¿Cómo podría pecar, si Dios me está viendo?” Que cada uno repita, entonces, esas palabras cuando el maligno quiera hacernos caer en pecado, porque es descarado y repulsivo. Pídele a Dios que te conceda la humildad, porque es de un gran auxilio.

(Traducido de: Ne vorbește Părintele Filothei Zervakos, Editura Egumenița, 2007, p. 298)