El devenir de las virtudes en nuestra alma
A medida que una crece, todas crecen, por la unión que existe entre ellas, porque todas las virtudes son rayos que brotan de una misma luz divina.
Te aconsejo que no te esfuerces por practicar todas las virtudes, ni varias a la vez, sino primero una sola y después otra. Solo así se va formando en el alma el hábito de mejorar, porque si te esfuerzas constantemente en una virtud, la mente acude a ella con mayor facilidad y se afana en encontrar los medios y los recursos más adecuados para adquirirla, mientras que la voluntad se inclina con mayor prontitud hacia esa virtud.
No habrías adquirido estas facilidades si te hubieras ocupado de varias virtudes al mismo tiempo.
Y hay algo más: las obras propias de una sola virtud, al ser de la misma naturaleza entre sí, se realizan con el mismo esfuerzo y requieren menos fatiga. Una llama y ayuda a la otra. Esta semejanza las fortalece aún más en nosotros, porque encuentra el lugar del corazón preparado y dispuesto para recibir aquellas nuevas virtudes, que de otro modo tendríamos que realizar dos veces, tal como anteriormente habíamos recibido las demás semejantes a ellas. Estas cosas de las que hemos hablado contienen tanta verdad que quien desea adquirir una virtud aprende también el arte de adquirir otra.
Así, a medida que una crece, todas crecen, por la unión que existe entre ellas, porque todas las virtudes son rayos que brotan de una misma luz divina.
(Traducido de: Nicodim Aghioritul, Războiul nevăzut, Editura Egumenița, Galați, p. 126)
