Palabras de espiritualidad

El hermoso ejemplo de la Madre del Señor

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

La Madre de Dios jamás hizo alarde de su elección; jamás habló de aquello que solo a ella le había sido revelado y que ella debía conocer, y no los demás.

La Madre de Dios fue humilde hasta tal punto que nunca habló de lo que le pertenecía, de sus grandezas, ni siquiera de su nacimiento extraordinario. Estas palabras: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según Tu palabra” muestran la humildad de la Madre de Dios ante la voluntad de Dios, su obediencia y sumisión. Y esto me recuerda una frase del padre Arsenie Boca, que Dios tenga en su gloria, cuando decía: “Tenemos una mente que discute con Dios, en lugar de someterse sin discutir”. La Madre de Dios, en cambio, tuvo una mente que se sometió a Dios sin discutir: “Hágase en mí según Tu palabra”.

La Madre de Dios jamás hizo alarde de su elección; jamás habló de aquello que solo a ella le había sido revelado y que ella debía conocer, y no los demás. Nunca hizo ostentación de su pureza ni de su virginidad; jamás hizo ostentación de su elección, ni de sus verdaderas grandezas. Por el contrario, vivió en el anonimato, en un recogimiento total, en una vida en la que nunca buscó ponerse en evidencia por nada, ni siquiera por su propio retiro. He aquí un ejemplo que la Madre de Dios nos da y que debemos tener presente cada vez que sintamos deseos de llamar la atención de los demás, cada vez que queramos imponernos en la conciencia de alguien. Porque, cuando hacemos eso, no estamos caminando por el camino de la Madre de Dios.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, pp. 83-84)