El saber vencer del cristiano
Esta es, cristiano, tu victoria: no vengarte de tus enemigos, sino orar por ellos. “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” (Romanos 12, 21).
En las guerras de este mundo, los hombres vencen cuando logran echar a la parte adversaria. Y, a la inversa, son derrotados cuando ceden ante el enemigo. En la lucha cristiana no es así. Los cristianos vencen cuando se someten a quienes se les oponen: cuando sufren desgracias a manos de los demás, pero ellos mismos no les hacen daño; cuando los demás los insultan y se burlan de ellos, pero ellos mismos no los insultan ni responden con ofensas; cuando los demás los golpean, pero ellos mismos no responden con golpes, y así sucesivamente. Porque, si ceden ante los hombres, entonces no ceden ante el maligno.
La victoria cristiana consiste en la paciencia y no en la venganza. La gran herida infligida al maligno y la victoria más gloriosa de los cristianos se alcanza cuando aman a sus enemigos, cuando bendicen a quienes los maldicen, cuando hacen el bien a quienes los odian y oran por quienes los hacen sufrir y los persiguen (véase Mateo 5, 44).
La gloriosísima victoria cristiana consiste en vencer la maldad de nuestros enemigos mediante el amor y la bondad. Este ejemplo de cómo vencer a nuestros enemigos nos lo mostró Cristo: “¡Padre, perdónalos!” (Lucas 23, 34). Esta es, cristiano, tu victoria: no vengarte de tus enemigos, sino orar por ellos. “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” (Romanos 12, 21).
(Traducido de: Sfântul Tihon din Zadonsk, Comoară duhovnicească, din lume adunată, Editura Egumenița, Galați, 2008, p. 66)
