Palabras de espiritualidad

El tormento de ser incapaz de amar

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Translation and adaptation:

La autoafirmación interior me arroja al universo de la separación, del aislamiento de Dios y de mis semejantes.

¿Qué es el infierno? Dostoievski lo entiende como “el sufrimiento de quienes no pueden amar”. Yo creo que aquí también entra en juego el hecho de que Dios no vulnera su libertad. San Isaac el Sirio dice: “No se imaginen que en el infierno Dios no ama; el amor actúa de distintas maneras”. Entre nosotros, yo creo que precisamente quienes más hablan del amor son los que menos lo comprenden. Muy pocos entienden lo que significa el amor en su naturaleza divina. Continuando con las palabras de San Isaac: “También en el infierno hay amor, pero en quienes aman, el amor actúa en el espíritu de la comunión; mientras que, en quienes no aman, arde como una llama”.

Hablando de semejantes llamas del amor, hasta el propio dicho rumano confirma las palabras del santo: “La mayor venganza es cuando tu enemigo se ve obligado a reconocer que tú eres bueno y él es malo”. Algo así puede llegar a quemar a una persona hasta el punto de que ni siquiera pueda soportar el amor de un amigo; y esto sucede también a causa de ese misterio del orgullo.

Pensemos ya sea en el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, o en el fariseo de la parábola del publicano y el fariseo, y observarán que estos hombres eran justos y se consideraban justos, al igual que los tres amigos de Job. Aquí se revela cómo estas personas caen, cada una a su manera. El hermano mayor no entra en la casa del Padre; el fariseo no regresa del templo justificado; y, por otro lado, Job tiene que orar por sus amigos.

Se nos muestra así que el misterioso núcleo oculto del mal está en el mal encerrado en sí mismo, centrado en su propia aseidad. Esta autoafirmación interior me arroja al universo de la separación, del aislamiento de Dios y de mis semejantes.

(Traducido de: Părintele Constantin Galeriu, Dialoguri de seară cu Andrei Pleșu, Gabriel Liiceanu și Sorin Dumitrescu, Editura Harisma, București, 1991, pp. 112-113)