Palabras de espiritualidad

El verdadero rostro de la Ortodoxia

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

Si aprendemos a callar, aprendamos a callar más cuando corresponde callar; no a dejar de hablar por completo.

En relación con lo sucedido inmediatamente después del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, con la adoración de los magos y con la adoración de los pastores, el evangelista Lucas nos dice en el Santo Evangelio que la Madre de Dios guardaba todas estas cosas en su corazón. Alguien decía —y creo que con toda razón— que la Madre de Dios es la verdadera imagen de la Ortodoxia. ¿Por qué? Porque guardó en su corazón las palabras provechosas, las palabras buenas; las guardó en lo más profundo de su ser. En esa misma medida somos ortodoxos: en la medida en que, al igual que la Madre de Dios, también nosotros guardamos las palabras santas en nuestro corazón.

Pensemos que la Madre de Dios vivió en el silencio, aunque también habló cuando fue necesario hacerlo. Por ejemplo, dijo: “No tienen vino”. Habló también cuando fue necesario decir: “Hagan todo lo que Él les diga”. Y elevó una palabra de oración cuando proclamó: “Mi alma engrandece al Señor”.

Así pues, la Madre de Dios también habló; no solamente guardó silencio. Deducimos que llevaba una vida silenciosa porque los santos evangelistas nos transmiten muy pocas palabras suyas.

La Madre de Dios habló también cuando dijo: “Tu padre y yo te hemos estado buscando con angustia”. Fue, por decirlo así, una palabra de preocupación, una expresión de inquietud; y, sin embargo, la pronunció. Era necesario decirla, y la dijo.

Por eso, si aprendemos a callar, aprendamos a callar más cuando corresponde callar; no a dejar de hablar por completo. Hay un tiempo para el silencio y un tiempo para la palabra, y la sabiduría consiste en discernir cuándo corresponde cada uno.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, pp. 84-85)


 

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