Palabras de espiritualidad

Ella tiene un corazón de madre

  • Foto: Constantin Comici

    Foto: Constantin Comici

Como Madre del Dios Altísimo, posee el don y el poder divinos para socorrernos.

Ahora la Madre de Dios está sentada a la diestra de su Hijo; ante Ella, la más venerable que los querubines y más gloriosa que los serafines, se postran todos los arcángeles y los ángeles en el Cielo, y también la glorifican todos los fieles cristianos en la tierra. Sin embargo, Ella permanece siempre con nosotros, dondequiera que estemos y cualquiera que sea nuestra manera de vivir. Está siempre dispuesta a darnos su ayuda, a aliviar nuestros sufrimientos, a derramar consuelo en nuestra alma atormentada, agitada y abrasada, y, en sus brazos de Madre, serenarnos, consolarnos, sostenernos y darnos ánimo.

En su corazón de Madre no existe un “no” para ninguna oración, para ninguna súplica. Más aún, como una madre amorosa, corre presurosa hacia sus hijitos cuando estos sufren, se sienten anegados por el dolor y perecen. Y, como Madre del Dios Altísimo, posee el don y el poder divinos para socorrernos.

(Traducido de: Arhimandritul Chiril Pavlov, Lauda Maicii Domnului, Editura Egumenița, Galați, 2012, p. 6)