¿En dónde quedó el buen juicio?

 

En nuestra generación, muchos, demasiados, no saben qué es la sabiduría, ni cuánto se han apartado de ella. Esto explica por qué el rostro del pecador ha dejado de sonrojarse.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Nuestros tiempos no son precisamente los más pródigos en sabiduría. De todos los tiempos que ha vivido la humanidad, los actuales parecen ser los más pobres en el buen juicio. No solo porque no se vive con sabiduría, sino también porque parece que ya nadie sabe qué es la sabiduría misma. Se nos ha olvidado. Las generaciones pasadas sabían qué es la sabiduría, también sabían cuándo le habían faltado a la sabiduría y cuándo se habían apartado de ella. Y eran capaces de ruborizarse por ello.

En nuestra generación, muchos, demasiados, no saben qué es la sabiduría, ni cuánto se han apartado de ella. Esto explica por qué el rostro del pecador ha dejado de sonrojarse. Así, poco a poco, todos se acercan al abismo de la perdición, mientras sus bibliotecas caen sobre ellos como la pesada losa de un sepulcro.

(Traducido de: Nicolae Velimirovici, Prin fereastra temniței, Editura Predania, București, 2009, p. 80)