Es difícil, pero debemos intentar amar a todos nuestros semejantes

 

Cuando sales del agua, eres libre y tienes la posibilidad de seguir subiendo… si no odias a nadie. Es decir, si alcanzas ese primer peldaño, ya estás a salvo.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Hay un importantísimo mandamiento de Cristo, sobre el cual Él Mismo nos insiste una y otra vez: “¡Amaos los unos a los otros!”. Ciertamente, en la práctica resulta algo difícil de realizar. Es complicado tratar de amar a todos. Cualquiera lo sabe. ¡Eso sí, no debemos odiar a nadie! Si no hay odio en tu corazón, es como si salieras del agua y alcanzaras el primer peldaño. “¿Solamente el primero?”, puede que preguntes. Sí, ¡pero ya estás en lo seco! Y esos peldaños te llevarán al nivel más alto: el amor verdaero. Cuando sales del agua, eres libre y tienes la posibilidad de seguir subiendo… si no odias a nadie. Es decir, si alcanzas ese primer peldaño, ya estás a salvo. Y entonces algo santo que hay en el interior de cada uno, viene y te dice: “¿Por qué quedarte en el primer escalón? ¡Sube más y más!”. Y te llenas de una alegría que no conocías, que te da paz y te empuja a subir otro poco. Y así sucesivamente, hasta alcanzar el amor puro, que es el vínculo de la perfección.

(Traducido de: Arhimandritul Ioanichie Bălan, Ne vorbește Părintele Arsenie, vol. 3, Editura Episcopiei Romanului, 1998, p. 31)