¿Es la enfermedad un impedimento para hacerme monje?
El monacato es también una espiritualización del esfuerzo humano. Es el misterio de la transformación de la maldición de Adán —ganarte el pan con el sudor de tu frente— en la bendición de invocar a Dios.
¡En verdad, es un impedimento! La mayoría de los stárets y stáretsas buscan personas sanas, porque en el monasterio hay mucho trabajo, hay muchas labores de obediencia. Y la regla establece que el candidato al monacato debe estar sano, tanto en el alma como en el cuerpo. ¿Por qué? Porque —permíteme revelarte un gran misterio— perdóname, hermana: el monasterio no es un hospital... es una morgue. Y para poder morir libremente, voluntariamente y con plena disposición, es necesario estar sano.
El monacato es también una espiritualización del esfuerzo humano. Es el misterio de la transformación de la maldición de Adán —ganarte el pan con el sudor de tu frente— en la bendición de invocar a Dios y dejarle transformar ese esfuerzo y ese sudor en liturgia y canto de alabanza. Es un misterio grande y maravilloso…
Pero, ciertamente, hay lugar para la excepción: entre nosotros, toda regla tiene también sus dispensas, porque todo depende de cada persona. Nuestra Santa Iglesia hace énfasis en la persona y no en la norma. Si alguien no es recibido en el monasterio o es enviado a casa después de un tiempo de prueba, es para su salvación, y no porque “no sea bueno”. La persona humana es la principal preocupación de la Iglesia, no la rigidez de una regla.
Y hay algo más que debo agregar. A quienes enferman mientras viven en el monasterio —no son pocos los casos de esto— no se les echa… En estos casos, también la enfermedad del monje se convierte en un lugar especial para el encuentro con Dios y en una forma particular de ascesis.
