Esa madre nuestra que es la Iglesia
La Iglesia es el ámbito más importante de este mundo, donde Dios Mismo resguarda a Su rebaño de las tempestades de esta vida y lo conduce hacia el puerto seguro y apacible del Paraíso.
Para San Juan Crisóstomo, la Iglesia es la realidad más importante, porque es el camino que conduce al Reino de los Cielos: “Nuestra peregrinación tiene como meta la vida futura y los tesoros del Paraíso. Y el camino que nos conduce hacia ellos lo encontraremos aquí, en la Iglesia” (Sobre lo insondable de Dios, p. 185).
La Iglesia es el Reino de los Cielos presente en la tierra, semejante a una embajada en un país extranjero: “Porque la Iglesia es la morada de los ángeles y de los arcángeles, el palacio de Dios, el mismo Paraíso” (Homilía XXXVI sobre la Primera Carta a los Corintios, p. 220).
Es el lugar donde a los fieles se les comunica la vida y la verdad de Dios; el lugar donde se unen a todos los demás en Su Cuerpo —comenzando por su incorporación a ese Cuerpo mediante el santo Sacramento del Bautismo— y donde reciben como alimento Su Cuerpo entregado en la Cruz y Su Sangre derramada por ellos en la más profunda humildad y amor.
Así describe San Juan Crisóstomo la Santa Eucaristía: “Ante ustedes se dispone una mesa real; los mismos ángeles les sirven, y el propio Rey está presente” (Homilía III sobre la Carta a los Efesios, p. 64).
Por tanto, la Iglesia es el ámbito más importante de este mundo, donde Dios Mismo resguarda a Su rebaño de las tempestades de esta vida y lo conduce hacia el puerto seguro y apacible del Paraíso, como un piloto guía su nave cargada de tesoros hasta el refugio del puerto.
Según San Juan Crisóstomo y conforme a la tradición de la Iglesia, la Iglesia, “Esposa de Cristo” (cf. Epístola a los Efesios 5, 23-32), es también nuestra madre: “La Iglesia, nuestra madre, madre de todos nosotros, nos reúne en su seno y nos mece en sus brazos, consolándonos día tras día” (Homilía V sobre las Estatuas, p. 380).
(Traducido de: David C. Ford, Bărbatul şi femeia în viziunea Sfântului Ioan Gură de Aur, traducere din limba engleză de Luminiţa Irina Niculescu, Editura Sophia, Bucureşti, 2004, pp. 81-82)
