Hazlo siempre de corazón, hermano

 

El corazón es como un motor que ponemos a cargar. Mientras más trabaja, más se carga de energía

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Cuando el individuo se afana, no solamente en servir a alguien, sino incluso en hacer algo para sí mismo, puede decirse que se fatiga en el descanso. Sin embargo, quien ayuda a otro, descansa aun en la brega de su ahínco.

Aquel que tiene el espíritu de sacrificio, si, por ejemplo, ve a otro que es débil físicamente y aun así se esmera, le dirá: “¡Ven y descansa un poco!”, y terminará él lo que estaba haciendo el otro. El débil descansará su cuerpo, y él se llenará de descanso espiritual.

Así, hermano, hagas lo que hagas, hazlo siempre con el corazón. De lo contrario, nada en tu alma cambiará. Todo lo que hacemos con el corazón, no nos cansa. El corazón es como un motor que ponemos a cargar. Mientras más trabaja, más se carga de energía.

Por ejemplo, una motosierra, cuando es utilizada para cortar un trozo de madera verde, hace “vrrruuu...”, se atasca y se detiene. Pero, cuando la usamos para cortar un trozo de madera seca, es como si se llenara de enjundia, y termina inmediatamente su tarea.

Y no solamente cuando demos, sino también cuando recibamos algo, no pensemos en nosotros mismos; más bien busquemos cómo hacer para agradar al otro. Que no exista en nosotros la avidez, ni pensemos que es justo acaparar lo que se nos antoja, sin dejar nada para los demás.

(Traducido de: Cuviosul Paisie AghioritulCuvinte duhovnicești, volumul 2, Trezvie duhovnicească, traducere de Ieroschimonah Ștefan Nuțescu, ediția a doua, Editura Evanghelismos, București, 2011, p. 212)