Palabras de espiritualidad

¡Honremos el Sacramento de la Santa Comunión!

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Quien rechaza o descuida comulgar, no ama a Cristo, y por eso tampoco recibirá al Espíritu Santo, ni entrará en el Reino de los Cielos.

Al Espíritu Santo lo recibimos con la participación en los sacramentos de nuestra Iglesia y, de manera especial, a través de la Santa Comunión. Nuestro Señor Jesucristo dijo: “El que come Mi Cuerpo y bebe Mi Sangre permanece en Mí, y Yo en él; y Yo lo resucitaré en el último día” (Juan 6, 54-56).

Es decir, quien comulga dignamente de los Santos Misterios se une al Señor. Y aquel que tiene un arrepentimiento verdadero, un corazón puro, temor de Dios y una fe firme recibe el Cuerpo y la Sangre del Señor, y también al Espíritu Santo. Él lo prepara para recibir igualmente a Jesucristo y a Dios Padre, es decir, para llegar a ser Iglesia y morada del verdadero Dios en la Trinidad.

Por el contrario, quien comulga del Cuerpo y la Sangre del Señor indignamente, con el alma impura, con el corazón lleno de maldad, de resentimiento y de odio, no solo no recibe al Espíritu Santo, sino que se vuelve un traidor como Judas y vuelve a crucificar a Cristo.

El Cuerpo y la Sangre del Señor son, para quienes comulgan dignamente, el medicamento que sana toda enfermedad y toda debilidad. ¿Y quién de nosotros está completamente sano? ¿Quién no necesita sanación, alivio o consuelo?

El Cuerpo y la Sangre de Cristo son nuestro alimento en el camino hacia el Reino de los Cielos. ¿Puede alguien emprender un viaje largo y fatigoso sin alimento? El Cuerpo y la Sangre de Cristo son el medio visible de santificación que el mismo Señor nos dejó como herencia para nuestra propia santificación. ¿Quién no querría participar de una herencia así y santificarse?

Por eso, no desdeñemos acercarnos al Cáliz de la Vida. Pero acerquémonos a él con temor y con fe en Dios. Quien rechaza o descuida comulgar, no ama a Cristo, y por eso tampoco recibirá al Espíritu Santo, ni entrará en el Reino de los Cielos.

(Traducido de: Glasul Sfinților Părinți, traducere de Părintele Victor Mihalache, Editura Egumenița, 2008, pp. 352-353)

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