La buena crianza es un arte

 

También ustedes, al igual que esos que hacen estatuas, dediquen a la crianza de sus hijos todo el tiempo posible, haciendo para Dios esculturas dignas de admiración; desechen lo que no sea útil, y agreguen lo que haga falta. Observen, cada día y con mucha atención, qué dones tiene cada niño, para multiplicarlos, y qué está de más, para alejarlo.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Cada uno de ustedes, papás y mamás, debe saber cómo aplicarse a sus maravillosas “obras”, así como los artistas trabajan con perseverancia en sus cuadros y estatuas. Porque el pintor, trabajando cada día en su lienzo, lo cubre con toda clase de colores, esforzándose en que todo quede bien. Lo mismo hace el escultor, desechando lo que está de más y agregando lo que falta.

También ustedes, al igual que esos que hacen estatuas, dediquen a la crianza de sus hijos todo el tiempo posible, haciendo para Dios esculturas dignas de admiración; desechen lo que no sea útil, y agreguen lo que haga falta. Observen, cada día y con mucha atención, qué dones tiene cada niño, para multiplicarlos, y qué está de más, para apartarlo.

Y con especial fervor eviten cualquier ocasión para los excesos, porque esta inclinación antecede daños mayores en el alma joven. Lo mejor es enseñar al niño la perspicacia, a vencer el sueño, a velar en oración, a hacer la Señal de la Cruz antes de decir o hacer algo.

(Traducido de: Cum să educăm ortodox copilul: 300 de sfaturi înțelepte pentru părinți de la sfinți și mari duhovnici, traducere de Adrian Tănăsescu-Vlas, Editura Sophia, București, 2011, pp. 74-75)