La desesperanza y sus consecuencias para el hombre
Este pecado pone de manifiesto que en el alma reinaban la confianza en sí misma y la soberbia, y que era ajena a la fe y a la humildad.
El pecado más grave es la desesperanza. Este pecado desprecia la preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rechaza Su omnipotencia y rechaza la salvación que Él nos ha otorgado. Pone de manifiesto que en el alma reinaban la confianza en sí misma y la soberbia, y que era ajena a la fe y a la humildad.
Más que de cualquier otro pecado, debemos guardarnos de la desesperanza como de un veneno mortal, como de una fiera terrible. Cuando llega a su extremo, puede llegar a manifestarse por medio del suicidio o por actos que equivalen al suicidio.
Después del suicidio, en cuanto a gravedad, vienen los pecados mortales, como el homicidio, la lujuria, la herejía y otros semejantes. Quien permanece en ellos es como si estuviera espiritualmente muerto; según las disposiciones de la Santa Iglesia, no le está permitido acercarse a recibir los Santos Misterios de Dios ni participar en los oficios litúrgicos.
(Traducido de: Sfântul Ignatie Briancianinov, De la întristarea inimii la mângâierea lui Dumnezeu, traducere de Adrian Tănăsescu-Vlas, Editura Sophia, București, 2012, p.82)
