La devastación que provoca nuestra falta de fe
Con Cristo no se puede andar a medias, y hoy el Señor nos ha dado una lección —si se puede decir así— al llamarnos la atención sobre el hecho de que cuando falta la fe, todo lo demás se vuelve imposible.
Todas las debilidades de nuestra vida actual, y las de nuestra sociedad, también provienen de nuestra poca fe. Siempre culpamos a la mala estructuración de la economía, a la falta de recursos financieros, a la ausencia de ideales y de proyectos políticos. Pero el Señor nos responde y nos hace reflexionar.
La falta de fe hace que ya no podamos mover montañas de su lugar: “En verdad os digo que, si tuviérais fe como un grano de mostaza, le diríais a este monte: ‘Pásate de aquí allá’, y se pasaría. Nada os sería imposible”.
Esta incapacidad de creer unos en otros existe porque ya no creemos en Dios. A pesar de que nos gusta afirmar que todavía creemos los unos en los otros, el hecho de que no creamos en Dios, a quien no vemos, desde hace mucho tiempo tampoco nos ayuda a creer siquiera en aquellos a quienes sí vemos.
Ante nosotros hay un gran desafío. Con Cristo no se puede andar a medias, y hoy el Señor nos ha dado una lección —si se puede decir así— al llamarnos la atención sobre el hecho de que cuando falta la fe, todo lo demás se vuelve imposible.
(Traducido de: Părintele Constantin Necula, Alexandru Rusu, Farmacia de cuvinte, Editura Agnos, Sibiu, 2014, p. 25)
