Palabras de espiritualidad

La fuerza de las plegarias de los justos

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

“Desde ahora, abandona la amargura de tu alma, porque Dios ha escuchado tu oración. Confía en mis palabras y da gracias a Dios...” 

El justo Joaquín, al llegar a la montaña, permaneció allí durante cuarenta días, en medio de gran llanto y ayuno, sin probar siquiera pan.

«No llevaré —decía entre lamentos— alimento a mi boca, ni regresaré a mi casa hasta que el Señor, el Dios de Israel, me escuche y se digne visitarme».

Después de que elevó su alma sobre las alas de las fervientes oraciones y del ayuno, orando con mayor fervor aún que su esposa, también a él, allí, en aquel lugar desierto, se le apareció el Arcángel Gabriel, diciéndole:

«¡Alégrate, Joaquín, y regocíjate! Yo he sido enviado para traerte paz y consuelo. Yo soy el ángel de Dios y he venido a anunciarte una gran alegría. Tu esposa Ana concebirá y dará a luz una doncella. Esta será la más escogida entre todas las doncellas y mujeres de la tierra; ella concebirá... y dará a luz al Rey del mundo, al Hijo del Dios viviente, al Dios Verbo. Desde ahora, abandona la amargura de tu alma, porque Dios ha escuchado tu oración. Confía en mis palabras y da gracias a Dios. Para que tengas una certeza firme, recibe esta señal de la verdadera y buena nueva: ve a Jerusalén, al Templo del Señor; allí encontrarás, junto a las puertas de oro, a tu esposa Ana, a quien también le ha sido anunciado lo mismo que a ti».

Dichas estas palabras, el ángel del Señor desapareció de delante de sus ojos.

(Traducido de: Protosinghelul Nicodim MăndițăMinunile Maicii Domnului, Editura Agapis, 2001, p. 32)