La humildad nos limpia de la mentira
Quien proceda de la Verdad, de la Verdad hecha hombre, procurará no tener ya ninguna mezcla con la mentira.
Solo las personas que han pasado por el crisol de las tribulaciones y de las tentaciones, y han sido probadas como el oro en el horno de la humildad, pueden llegar a ser más obedientes. Al apartar de ellas la escoria de la mentira, sembrada por el padre del ardid, su alma se vuelve como cera blanda, sobre la cual se imprime con facilidad la Verdad encarnada. Y quien proceda de la Verdad, de la Verdad hecha hombre, procurará no tener ya ninguna mezcla con la mentira.
Y esto por dos motivos: primero, porque el demonio, padre de la mentira, al entrar en su alma junto con esta hija suya, le transformará esta vida en una negación continua de Dios, en un ir y venir perpetuo de negocios turbios, en enemistad consigo mismo y con todos los hombres; nada hará en vista de un ideal superior; todo quedará pendiente del interés del instante fugaz y de la ocasión, lo cual es precisamente lo contrario de una vida consagrada al Espíritu Santo. Segundo, porque, en lo que respecta a la vida de más allá, el demonio arrastra finalmente consigo a toda alma que se ha servido de él para tener éxito en esta vida.
(Traducido de: Arhimandritul Paulin Lecca, Adevăr și Pace, Tratat teologic, Editura Bizantină, București, 2003, p. 73)
