La imagen de Dios que el hombre lleva en su interior

 

“Desde ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal y como es”.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

En la Biblia encontramos que “Dios formó al hombre del polvo de la tierra, le insufló en sus narices un hálito de vida y así el hombre llegó a ser un ser viviente” (Génesis 2, 7). Por esencia, el alma del hombre es semejante al Padre en lo que respecta a la mente, que es la fuente del conocimiento; es semejante al Hijo en lo que respecta a la Palabra espiritual, puesta en nuestro interior con el Santo Bautismo, la Cual es el principio de toda sabiduría; y es semejante al Espíritu Santo en lo que respecta a la libertad de voluntad, que es la raíz de todos los bienes.

Por la Gracia, el alma puede asemejarse al Hijo de Dios, porque, por medio del Sacramento del Bautismo, el alma recibe el don de la filiación, que hace que el hombre devenga en hijo de Dios.

Por la gloria, el alma se asemeja a Dios Mismo con el poder de la luz divina que viene sobre ella, tal como lo dice el Santo Evangelista Juan: “Desde ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal y como es” (I Juan 3, 2).

(Traducido de: Arhimandritul Sofian BoghiuSmerenia și dragostea, însușirile trăirii ortodoxe, Fundația Tradiția Românească, București, 2002, p. 11)