La lucha por mantener concentrada nuestra mente

 

No debemos esperar a orar para concentrar nuesta mente: es importantísimo evitar despistarnos incluso cuando no estamos orando. 

La dispersión al orar se puede prevenir solamente si nos forzamos a permanecer concentrados incluso cuando no estamos orando. En el Paterikón dice: “El monje que ora sólo cuando ora, no ora en absoluto”. No debemos esperar a orar para concentrar nuesta mente: es importantísimo evitar despistarnos incluso cuando no estamos orando. La dispersión de nuestros pensamientos es algo que depende, en general, de nuestra propia vida. La mente del hombre fue creada de una forma tal que no pudiera estar en una sola cosa ni fijarse en un solo punto. Puedes estar pensando en dos cosas al mismo tiempo, o tener una impresión distinta a la principal en tu mente; en este caso, lo importante es concentrarte en las palabras que dices y no asustarte si sucede otra cosa (por ejemplo, no debes preocuparte en exceso cuando sientas que tus pensamientos huyen en distintas direcciones, sino que debes esforzarte en reconducir la situación y evitar que esto suceda).

En el Paterikón dice que el anciano Pimeo recibió la visita de un monje, quien le preguntó: “¿Qué puedo hacer, padre, cuando me siento atacado por una multitud de malos pensamientos?”. Y el anciano le respondió. “¡Detén el viento! ¡Extiende tus brazos y detén el viento!”. Dijo el monje: “¡Pero no puedo detener el viento!”. Entonces, el padre agregó. “¡Tel como no puedes detener el viento, tampoco es posible detener los malos pensamientos! ¡Pero lo que sí puedes hacer es apartarlos con tus buenos pensamientos!”. Luego, es la perseverancia en los buenos pensamientos la que nos lleva a alejar los que son perniciosos.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Cuvinte către tineri, Editura Omniscop, Craiova, 1998, pp. 38-39)