La oración representa un esfuerzo espiritual que está lleno de recompensas
En cualquier otro afán, por extenuante que sea, el monje encuentra cierta paz. ¡La oración, no obstante, requiere una lucha sin tregua, hasta el último aliento!
Algunos hermanos le preguntaron al abbá Agatón cuál es el trabajo espiritual más difícil en la vida monacal. Él les respondió: “¡Perdónenme, hermanos! Para mí, el trabajo de la oración es el más arduo de todos. Cuando el hombre desea presentar su oración ante Dios, nuestros enemigos, los demonios, se apresuran a interrumpirlo, porque saben que no hay ningún esfuerzo tan aterrador para ellos, como la oración que se eleva a Dios con toda el alma. En cualquier otro afán, por extenuante que sea, el monje encuentra cierta paz. ¡La oración, no obstante, requiere una lucha sin tregua, hasta el último aliento!”.
Si esto sucede con la oración de los monjes, ¡cómo estarán las cosas con la de los laicos, dispersos en miles de tareas y responsabilidades de la vida cotidiana! Pero esto no tiene que representar un motivo para la desesperanza. Al contrario, los creyentes deben recordar que el Señor Mismo ayuda a quienes fervientemente y en verdad desean orar a Él. Con el auxilio de Dios, lo imposible se hace posible, y lo que parecía irrealizable se puede alcanzar. Dios concede la oración verdadera a quien la desea con todo el corazón.
(Traducido de: Arhimandritul Serafim Alexiev, Călăuza rugătorului ortodox, traducere de Gheorghiță Ciocioi, Editura Sophia, București, 2015, pp. 20-21)