Palabras de espiritualidad

La personalidad del individuo como ser de fe

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

De esta fuente brotan la comprensión mutua, la obediencia, la unanimidad en el cumplimiento de los fines propuestos, el esfuerzo lleno de amor para la gloria de Dios y la gloria de la Iglesia.

Debemos servir a la Iglesia como al único Cuerpo de Cristo, como a un solo organismo, como a una sola sustancia. La personalidad de cada uno es el trozo de tierra que se le ha confiado para trabajarlo, limpiarlo y hacerlo fructificar. Al trabajar con nosotros mismos, trabajamos por el todo, por toda la Iglesia, por su Cabeza, el Salvador que se entregó en sacrificio. Pero si dejamos nuestro terreno sin cultivar, si lo descuidamos o lo perjudicamos, nos dañamos no solo a nosotros mismos, sino también a la Iglesia. Cuando no recogemos para nuestra propia alma, desperdiciamos lo que pertenece a la Iglesia.

Nuestro servicio a la Iglesia consiste en esto: en que, por medio de nuestra propia vida cristiana, el espíritu de los valores del Evangelio se difunda en la vida del mundo, avergonzando así a los enemigos de la Iglesia. En nuestras cualidades personales se halla la garantía de la unidad interior de la Iglesia, tomada en su conjunto, y de la parroquia en particular; de esta fuente brotan la comprensión mutua, la obediencia, la unanimidad en el cumplimiento de los fines propuestos, el esfuerzo lleno de amor para la gloria de Dios y la gloria de la Iglesia.

(Traducido de: Pr. Mihail Pomazanski, Totul își are timpul și locul său. Scrieri alese, Editura Doxologia, Iași, 2016, pp. 39-40)



 

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