La recompensa divina para el hombre justo

 

El hombre justo y temeroso de su Dios, jamás escuchará la terrible sentencia: “Apartaos de Mí, malditos, idos al fuego eterno” (Mateo 25, 41).

Dios recompensará íntegramente —en la vida eterna—, a aquellos que hayan sabido vivir con rectitud, haciéndose agradables a Él. Mas, en lo que respecta a la maravillosa forma en que los justos son bendecidos ya desde esta vida, y para que también nosotros anhelemos semejante bondad, recordemos atentamente aquellas palabras: “Dichoso el hombre que teme al Señor y ama Sus mandamientos. Fuerte será en la tierra su estirpe”. Aquí se nos habla de aquel que ama con toda su alma los mandamientos de Su Dios, que no son otra cosa que la justicia, la bondad, la caridad y el amor sincero hacia Él.

Para el cristiano que actúe así, “fuerte será en la tierra su estirpe”, es decir, en esta vida, y la “herencia” de estos cristianos justos “será bendecida”. “Abundancia y ventura habrá en su casa, y su justicia permanecerá para siempre. La memoria del justo será eterna y no temerá recibir malas noticias” (Salmos 111, 1-3; 6).

¿Qué puede haber más espléndido que esas bendiciones? ¿Qué otra cosa podríamos desear? Si somos verdaderamente fieles al Señor y le amamos, es que tenemos presentes aquellas palabras Suyas: “El que quiera servirme, que me siga, y donde Yo esté, allí estará también” (Juan 12, 26). Ciertamente, el hombre justo y temeroso de su Dios, jamás escuchará la terrible sentencia: “Apartaos de Mí, malditos, idos al fuego eterno” (Mateo 25, 41), porque, al contrario, se le dirá: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25, 21).

(Traducido de: Sfântul Maxim GreculViața și cuvinte de folos, Editura Bunavestire, Galați, 2002, p. 91)