Palabras de espiritualidad

La unción de la Madre de Dios para un joven lleno de fe y humildad

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

¿Qué podemos aprender de este breve relato? Que a los que son devotos y humildes de corazón los unge la misma Madre de Dios y los transforma espiritualmente.

Hace algunos años, un joven amante de la vida monástica participó con gran devoción en una vigilia de toda la noche en un monasterio del Monte Athos. Era la fiesta de la Entrada en el Templo de la Madre de Dios y, como también él deseaba consagrarse a Dios, durante toda la vigilia permaneció de pie y oró con humildad.

Cuando llegaron a las alabanzas finales, el sacerdote ungió a los padres y a los peregrinos con el aceite de la lamparilla del ícono de la Madre de Dios. El joven, sin embargo, debido a su devoción y recato, no se acercó a ser ungido, pues se consideraba indigno. Después de que pasaron todos y el sacerdote se retiró, sintió una necesidad interior de ir a venerar al menos el icono de la Madre de Dios, para recibir también él un poco del don divino.

Y mientras se inclinaba con gran devoción ante el icono de la Madre de Dios, la lamparilla se elevó por sí sola y derramó un poco de aceite sobre la cabeza del joven, sin que cayera ni una gota al suelo ni sobre su ropa, sino únicamente sobre la coronilla de su cabeza. Al mismo tiempo, sintió una alegría espiritual indescriptible, como jamás había experimentado en su vida.

Cuando vi al joven desde lejos, antes de que él mismo me contara lo sucedido —pues por el gesto de su rostro se hacía evidente el hecho divino—, le pregunté qué le había ocurrido. Y él me lo relató todo con mucha sencillez.

¿Qué podemos aprender de este breve relato? Que a los que son devotos y humildes de corazón los unge la misma Madre de Dios y los transforma espiritualmente.

(Traducido de: Sfântul Cuvios Paisie Aghioritul, Părinţi Aghioriţi  Flori din Grădina Maicii Domnului, Editura Evanghelismos, 2004, pp. 126-127)

Leer otros artículos sobre el tema: