La verdadera caridad es una puerta abierta para todos

 

Si damos incluso a quienes son indignos de ello, los que en verdad lo merecen verán esto y no dudarán en acercarse a pedirnos.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

A la caridad se se le llama también ‟misericordia”, porque es algo que ofrecemos incluso a quienes —en principio— no son dignos de ella. El Santo Apóstol Pablo nos exhorta a practicarla, diciendo: ‟No dejéis de hacer el bien, especialmente a aquellos que están cerca de vosotros en la fe”. Si rechazamos ayudar a los que no lo merecen, hasta los que sí lo merecen rehúsaran acercarse a nosotros para pedirnos lo que necesitan. Y, al contrario, si damos incluso a quienes son indignos de ello, los que en verdad lo merecen verán esto y no dudarán en acercarse a pedirnos.

Hagámonos semejantes a Job, quien no despreciaba a nadie y decía: ‟Mi puerta está abierta para todos”. No abierta a unos y cerrada para otros, sino que la mantenía abierta para que entrara quien quisiera. Hagamos lo mismo, por favor, hermanos, sin perdernos en disquisiciones inútiles.

(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de AurCuvinte alese, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2002, p. 54)