Palabras de espiritualidad

Las flores y el agua bendita

  • Foto: Doxologia

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No debemos tentar a Dios buscando señales y milagros, pero ¿acaso no es hermoso cuando Dios, en Su bondad infinita, nos envía uno de manera inesperada?

Hace algunas seamanas, estaba preparando la iglesia para la Divina Liturgia, cuando mi amigo Mark se me acercó y me preguntó: “¿Puedes decirme cuál es la diferencia entre esos dos ramos de flores?”, mientras señalaba los dos jarrones que se hallaban a cada lado de las Puertas Reales. Uno de los ramos se veía marchito y seco, en tanto que el otro parecía recién florecido. Ante mi asombro, Mark no pudo contener una sonrisa: “El día de la Epifanía puse el agua bendita restante en el vaso que contiene las flores que están floreciendo”. Y después me dijo que en el otro jarrón no puso nada más que agua simple.

Eran dos de flores ramos idénticos, igual de baratos, comprados por una fiel en una tienda a un precio inferior a 5 dólares cada uno. Ella me los entregó antes de la Divina Liturgia celebrada el 23 de diciembre de 2012. Corté las puntas de los tallos para que estuvieran lo más frescas posible, las coloqué en dos jarrones de vidrio idénticos, que llené con agua, y los puse en el mismo lugar en el que se encuentran ahora. No añadí ningún tipo de conservante ni fertilizante en ninguno de los jarrones. Desde entonces, hasta donde yo sé, nadie volvió a tocarlos. La única diferencia es que Mark vertió agua bendita en uno de los jarrones.

El 3 de febrero, es decir, unas seis semanas después de la fecha en que las flores fueron colocadas en el jarrón, les hice unas fotos.

Consideré que la imagen de las flores en el agua bendita era digna de llegar a Su Eminencia el arzobispo Benjamin de San Francisco, quien respondió lo siguiente: "Es maravilloso cuando el Señor irrumpe en el mundo terrenal, sometido a las leyes y a la razón, y obra milagros que las contradicen. Es un pequeño empujón que nos da, haciéndonos comprender que Él está presente y es Todopoderoso, independientemente de lo que nosotros creamos”.

Más aún, si la frescura de seis semanas de las flores es un pequeño milagro, como yo creo, entonces el principio de la materialidad se demuestra falso. Pues si Dios nos da una “señal”, esto significa que “existir” es más que lo que vemos en las noticias y en las secciones del tiempo y el deporte; es decir, que Él es verdaderamente la Fuente de la Vida.

No debemos tentar a Dios buscando señales y milagros, pero ¿acaso no es hermoso cuando Dios, en Su bondad infinita, nos envía uno de manera inesperada?

(Traducido de: Wesley J. Smith, ipodiacon la biserica ortodoxă din Livermore, California)


 

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