Los pecados se confiesan, no se relatan

 

También los pecados tienen tres formas de existencia. Se muestran de tres maneras. ¿Cómo? En nuestros pensamientos, en nuestras palabras y en nuestros actos.

Que no se nos ocurra pensar que por el solo hecho de confesar nuestros pecados estos ya deben ser perdonados. Si persistimos en ellos —¡y son muchos los que no pueden o no quieren renunciar a sus continuadas faltas! —, no recibiremos el perdón de Dios ni de los sacerdotes que han recibido la potestad de la absolución.

Los pecados no se relatan, sino que se confiesan. ¡Y no les “contemos” nuestras faltas a cualquier persona!

Tal como en este mundo hay cuerpos sólidos, cuerpos líquidos y cuerpos gaseosos, según los estados de la materia, así también los pecados tienen tres formas de existencia. Se muestran de tres maneras. ¿Cómo? En nuestros pensamientos, en nuestras palabras y en nuestros actos.

San Antimo de Iberia tiene una homilía en la que afirma que hay pecados que se cometen con mala voluntad, pecados que se cometen por alguna debilidad, y pecados que se cometen por desconocimiento. Y, concluye él, los pecados por desconocimiento y debilidad pueden ser perdonados, no así los primeros.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, p. 104)