Palabras de espiritualidad

Los preceptos del Señor son rectos

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

¡Ay de mí! Cuando se me llamaba, no escuchaba; se me pedía que abandonara toda impureza y toda obra abominable, y yo no prestaba oído.

Le temo a la muerte y me lleno de espanto. Le temo al infierno, porque su fuego es eterno e inextinguible. Les temo a las tinieblas, porque allí no hay participación en la luz. Le temo al gusano que no muere. También les temo a los ángeles del juicio, porque son inexorables.

¡Ay de mí! Cuando se me llamaba, no escuchaba; se me pedía que abandonara toda impureza y toda obra abominable, y yo no prestaba oído.

¡Ay de mí, que he profanado Tu casa, Señor, y he entristecido a Tu Santo Espíritu! Dios mío, justos son Tus preceptos y Tus juicios. Por una pequeña iniquidad me veo privado del alimento eterno y del Reino de los Cielos, y sin fin seré atormentado, entregado al fuego por los placeres de la carne.

Justo es el juicio del Señor: me instruyó, y no obedecí; me presentó testimonios, y yo me burlé de ellos. Así comenzarás a decir, oh hombre, si llegas a partir de este mundo antes de arrepentirte. Por eso, ¡llénate de temor por el infierno y esfuérzate por entrar en el Reino de los Cielos!

(Traducido de: Cuvinte de la Sfinții Părinți, Editura Episcopiei Romanului, 1997, p. 54)


 

Leer otros artículos sobre el tema: