Nada puede impedirle a Dios darnos Su ayuda
Basta un hombre Suyo, basta incluso una sola señal Suya para que sean vencidos los enemigos más poderosos.
Dios tiene muchos modos de sanarnos. A cada uno le da lo que necesita, pues cada cual requiere un remedio distinto. Basta entonces un arma de Dios, basta un hombre Suyo, basta incluso una sola señal Suya para que sean vencidos los enemigos más poderosos.
Oremos a Cristo diciendo: «Señor, di una palabra y Tus enemigos serán dispersados. Di una palabra y Tu ciudad será liberada. Di una palabra y Tu pueblo vencerá». Digámosle también como David: «He aquí, Tus enemigos se han alborotado, y los que Te aborrecen han alzado la cabeza» (Salmo 82, 3).
(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de Aur, Problemele vieții, Editura Egumenița, Galați, 2007, p. 17)
