Ni el maligno puede contra el poder de Dios
Todos aquellos que hayan llegado al umbral de la perdición del alma, acepten sin tardanza a Aquel que puede salvarlos.
El hombre espiritual es un alma a la que el Espíritu Santo ha despertado del sueño del pecado; y él, escuchando lo que le susurra el Espíritu y creciendo siempre en el don de Dios, vive hasta el final una vida de vencedor.
Por eso, por muy miserable que haya sido tu vida, por gruesas que sean las cadenas de la esclavitud y los muros de la prisión del alma, puedes escapar si recibes sin demora a Aquel que dio vista a los ciegos, vida a los muertos y libertad a los cautivos. El demonio no puede forjar cadenas tan pesadas que el Gólgota no pueda romperlas. Nuestro Señor Jesucristo sanó a todos los que vivían sometidos y atormentados por los espíritus malignos.
Todos aquellos que hayan llegado al umbral de la perdición del alma, acepten sin tardanza a Aquel que puede salvarlos. Aprovechen, así sea la hora del ladrón en la cruz… ¡Reciban de nuevo al Señor!
(Traducido de: Părintele Iosif Trifa, Oglinda inimii omului, Editura Oastea Domnului, Sibiu, 2009, p. 109)
