No alegremos al maligno con nuestra aversión entre semejantes
No den ocasión a la disputa, porque el maligno se regocija con ella. No continúen hiriéndose recíprocamente en el alma.
Padre, siento que hay alguien que me oprime. No sé por qué me odia.
—Tenemos que saber que el odio de un hombre puede ser más fuerte que cualquier forma de brujería.
Una de las armas del demonio es el odio. Viene y siembra el odio entre los esposos; entonces dejan de hablarse, como si fueran mudos, y se levanta entre ellos un muro. El Señor dice: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Hagan cuantas más postraciones puedan, para que el resentimiento se desvanezca. El Señor ordena: “Vivid en el amor”. En cambio, el demonio siembra el odio para trastornar el orden deseado por Dios.
Es bueno que, cuando uno de los esposos cae en una falta, el otro diga: “Señor, no le tomes en cuenta este pecado”. Oren el uno por el otro. La Escritura dice que el marido incrédulo es santificado por la mujer creyente, y asimismo la mujer incrédula por el marido creyente. Cuando sobrevenga la ira, apártense por un tiempo: que uno vaya a una habitación y el otro a otra. No den ocasión a la disputa, porque el maligno se regocija con ella. No continúen hiriéndose recíprocamente en el alma.
El demonio se esfuerza por derribar una gran fortaleza, porque cuanto mayor es la caída, mayor considera él su recompensa. Pero no se lo permitamos. Dios les ha dado muchas armas para combatirlo: el ayuno, la oración y la práctica de la caridad.
(Traducido de: Părintele Argatu V. Ioan, Răspunsuri duhovnicești la întrebările credincioșilor ale Părintelui Ilarion Argatu, Editura Mila Creștină, 2005, p. 255)
