Palabras de espiritualidad

No importa nada más, solo ora...

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Acostúmbrate a la oración y al diálogo con Dios. Esfuérzate, en la medida de lo posible, en reunir y examinar tus pensamientos dispersos.

Para que alguien ore como es debido, hace falta esforzarse mucho, luchar con denuedo. No es posible redirigir de inmediato, o en poco tiempo, la mente y el corazón hacia Dios. Pero, en este mundo, ¿qué se puede conseguir fácilmente, pronto y sin esfuerzo? ¿Qué arte, qué ciencia, qué consuelo espiritual?

Por eso, ora. Aunque la oración te parezca mucho esfuerzo y poca o ninguna satisfacción, tú sigue orando con fervor y con atención. Acostúmbrate a la oración y al diálogo con Dios. Esfuérzate, en la medida de lo posible, en reunir y examinar tus pensamientos dispersos.

Así, poco a poco, tu oración se volverá cada vez más fácil. Y también tú comenzarás a sentir un dulce consuelo. Y te esfuerzas con perseverancia y en verdad, el Espíritu Santo, al ver tu trabajo y la sinceridad de tu deseo, vendrá pronto en tu ayuda. Y cuando entre en tu interior, te enseñará la oración verdadera. Dios nos pide que oremos sin cesar (1 Tesalonicenses 5, 17).

Muchos dicen: “¿Cómo es posible orar sin cesar, si vivimos en el mundo? Si nos ocupáramos solo de la oración, ¿cuándo cumpliríamos con nuestros deberes y atenderíamos nuestras responsabilidades?”.

Ciertamente, no podemos mantener una oración ininterrumpida en lo exterior, es decir, mantenernos en un estado visible de oración, porque también tenemos que trabajar y atender muchas otras necesidades. Sin embargo, quien sea capaz de percibir su pobreza interior no dejará de orar, haga lo que haga.

(Traducido de: Glasul Sfinților Părinți, traducere de Părintele Victor Mihalache, Editura Egumenița, 2008, pp. 349-350)