No juzgarás ni condenarás a tu hermano
“Desde aquel día, como quien está ante el Señor de la gloria, viví como quien vaga por lugares desiertos, sin probar pan, sin alojarme bajo techo alguno, sin hablar con nadie...”
Digno de ser contado y recordado es este pasaje, pues muestra cuán grave y terrible es el pecado de la la difamación. Un día, el venerable Juan el Savaíta relató:
«Una vez, en los tiempos en los que yo moraba en lo más profundo del desierto, vino a visitarme un hermano del monasterio. Al preguntarle cómo estaban los padres del cenobio, me dijo: “Bien, gracias también a sus oraciones, padre”. Luego le pregunté por un hermano que tenía mala reputación, y me respondió: “Créame, padre, no ha perdido esa fama”. Al oír esto, exclamé: “¡Uf!”.
Y en cuanto pronuncié ese “¡Uf!”, fui arrebatado como en un sueño, y me vi a mí mismo de pie en el Golgota, y al Señor en medio de los dos ladrones crucificados. Me apresuré entonces a acercarme a Él y a inclinarme en adoración; pero cuando Él vio esto, ordenó con voz fuerte a los santos ángeles que estaban a Su lado, diciendo: “Sáquenlo fuera, porque es un anticristo para Mí, ya que antes de que Yo juzgue, él ha condenado a su hermano”.
Así pues, después de ser expulsado, al salir por la puerta por donde había entrado, mi epanokalimavkion (velo) quedó atrapado cuando la puerta se cerró. Al dejarlo allí, desperté de inmediato. Entonces, le dije al que había venido a verme: “Este es un día malo para mí”. Y él me preguntó: “¿Por qué, padre?”. Entonces le conté lo que había visto y le dije: “Créeme, el epanokalimavkion es la protección de Dios sobre mí, y he sido privado de él”.
Desde aquel día, como quien está ante el Señor de la gloria, viví como quien vaga por lugares desiertos, sin probar pan, sin alojarme bajo techo alguno, sin hablar con nadie, hasta que vi de nuevo al Señor ordenar que me fuera devuelto mi epanokalimavkion».
Al escuchar el relato del admirable Juan, nosotros, que somos mucho más pecadores, tendríamos que decir: si el justo apenas logra salvarse, ¿dónde quedarán el impío, el pecador y el fornicario?
(Traducido de. Sfântul Anastasie Sinaitul, Povestiri duhovnicești, traducere de Laura Enache, Editura Doxologia, Iași, 2016)
