Nuestra vida de cristianos en la Gracia de Dios
Aquí hay tres cosas: vivir de acuerdo con los mandamientos de Cristo; luchar contra las pasiones —los Padres de la Iglesia han descrito ampliamente los métodos para sanar estas enfermedades espirituales— y amar al prójimo.
Por favor, padre, díganos algo sobre de la Oración de Jesús y sobre cómo puede alcanzarse el don de esta oración.
—Si no fuera un don de Dios, en realidad no podríamos hacer nada. Dios nos concede su don en cada momento de nuestra vida, y lo necesitamos porque nos encontramos en un estado caído. Creo que la esencia de la caída es el deseo del hombre de ser dios sin Dios. En el relato bíblico de la caída de Adán se nos dice que siguió el consejo del maligno de comer del árbol prohibido, creyendo que llegaría a ser como Dios. Pero es absurdo pensar que se puede ser dios sin Dios. Y esta es la tragedia de la caída; nosotros nos encontramos en un estado semejante.
Aunque todos somos miembros de la Iglesia por el Sacramento del Bautismo, debemos luchar en nuestro interior contra la herencia de la caída. Y creo que, si esta caída es, ante todo, un acto de orgullo, prepararnos para recibir el don de Dios significa humillarnos ante Él. En otras palabras, no es más que un acto mediante el cual reconocemos nuestro fracaso. Y “fracaso” puede ser también un sinónimo de “pecado”. Prepararse significa colocarse al pie de la escalera que conduce a Dios, tal como se manifiesta en las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.
Por tanto, la preparación consiste en descender hasta las profundidades de la humildad. Y solo en la humildad puede Dios ofrecernos sus dones. Esto es lo que diferencia el camino cristiano de todas las pseudo-espiritualidades que hoy se extienden por el mundo entero bajo el nombre de New Age, que reúne toda clase de corrientes y de supuestas espiritualidades que no hablan ni de humildad ni de arrepentimiento. Pero precisamente por el camino del arrepentimiento es como el hombre se encuentra con Dios.
Hablando de la Gracia de Dios, es importante recordar que tenemos que esforzarnos para recibirla, y lo más importante es saber cómo hacer que dicho don permanezca en nosotros. En la experiencia de la Iglesia vemos que Dios concede Su Gracia con facilidad, pero que después nosotros lo perdemos. ¿Y cómo debemos continuar cuando hemos perdido la Gracia?
La vida espiritual atraviesa tres etapas: 1. la etapa de la concesión de la Gracia; después, 2. la etapa de el apartamiento sensible de la Gracia; y 3. la etapa de la recuperación de la Gracia. Todo el problema de la ascesis consiste en cómo vivir durante este segundo período. Del primero se ocupa Dios. En la segunda etapa, Él nos deja, en cierta medida, avanzar con las fuerzas que nos ha dado, para que, finalmente, recuperemos esta Gracia y la conservemos.
Creo que toda la tradición ascética y espiritual de la Iglesia —la Filocalia, los escritos de los Padres, etc.— nos enseña precisamente qué debemos hacer durante este segundo período. Y creo que aquí hay tres cosas: vivir de acuerdo con los mandamientos de Cristo; luchar contra las pasiones —los Padres de la Iglesia han descrito ampliamente los métodos para sanar estas enfermedades espirituales— y amar al prójimo.
Muchas veces, por medio del amor al prójimo, podemos acercarnos a Dios.
(Traducido de: Celălalt Noica – Mărturii ale monahului Rafail Noica însoțite de cîteva cuvinte de folos ale Părintelui Symeon, ediția a 4-a, Editura Anastasia, 2004, pp. 152-153)
