Para que el tiempo no pase por nuestra alma...
Todo aquel que busca su salvación fuera de Él, que busca la vida fuera de Él, que busca la satisfacción fuera de Él y que se alimenta de un pan perecedero, envejece pronto y muere.
«Desde una perspectiva física, los hombres miden la vejez por el paso del tiempo; pero, desde una perspectiva espiritual, los espíritus la miden por su fortaleza interior.
Podemos llamar al Dios Altísimo, Inmortal y Eterno, el Eternamente Joven. Ni el tiempo ni la eternidad han dejado la más mínima huella sobre Su rostro. Y nosotros, que somos Sus ángeles, permanecemos jóvenes desde el instante mismo de nuestra creación, aunque fuimos creados antes que todos los hombres. Permanecemos jóvenes porque lo tenemos a Él dentro de nosotros, porque poseemos Su Espíritu Santo; porque vivimos en Él, respiramos en Él, somos alimentados por Él y obramos en Él.
En cambio, todo aquel que busca su salvación fuera de Él, que busca la vida fuera de Él, que busca la satisfacción fuera de Él y que se alimenta de un pan perecedero, envejece pronto y muere.
La vida y la juventud dependen del espíritu que habita en los seres creados, y es sobre el espíritu donde actúan la vejez y la muerte. El destino de una nación, su permanencia o su caída, se decide según el espíritu que vive en el interior de su pueblo.
Entre los hombres, quienes más se han asemejado a los ángeles son los eremitas y los ascetas del desierto; esas almas que tomando de la tierra solo lo indispensable para la supervivencia de su cuerpo, se alimentaban día y noche de Su Espíritu, el Espíritu de la vida eterna y de la eterna juventud. Por eso, sus almas llegaron a estar tan bien nutridas y fortalecidas, que conservaron sus cuerpos vigorosos y robustos por más tiempo que aquellos que, movidos por un espíritu de debilidad y de inquietud, no alimentaron sus cuerpos y sus almas con otra cosa que no fuera el mundo.
Así como sucede con cada individuo, oh, príncipe, así ocurre también con un conjunto de individuos unidos entre sí: las naciones».
(Traducido de: Sfântul Ierarh Nicolae al Ohridei și Jicei; Fericitul Arhimandrit Justin Popovici, Taina și semnificația bătăliei de la Kosovo, traducere din limba engleză de Paul Bălan, Editura Anestis, 2013, pp. 84-85)
