Palabras de espiritualidad

Para que el tiempo no pase por nuestra alma...

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Todo aquel que busca su salvación fuera de Él, que busca la vida fuera de Él, que busca la satisfacción fuera de Él y que se alimenta de un pan perecedero, envejece pronto y muere.

«Desde una perspectiva física, los hombres miden la vejez por el paso del tiempo; pero, desde una perspectiva espiritual, los espíritus la miden por su fortaleza interior.

Podemos llamar al Dios Altísimo, Inmortal y Eterno, el Eternamente Joven. Ni el tiempo ni la eternidad han dejado la más mínima huella sobre Su rostro. Y nosotros, que somos Sus ángeles, permanecemos jóvenes desde el instante mismo de nuestra creación, aunque fuimos creados antes que todos los hombres. Permanecemos jóvenes porque lo tenemos a Él dentro de nosotros, porque poseemos Su Espíritu Santo; porque vivimos en Él, respiramos en Él, somos alimentados por Él y obramos en Él.

En cambio, todo aquel que busca su salvación fuera de Él, que busca la vida fuera de Él, que busca la satisfacción fuera de Él y que se alimenta de un pan perecedero, envejece pronto y muere.

La vida y la juventud dependen del espíritu que habita en los seres creados, y es sobre el espíritu donde actúan la vejez y la muerte. El destino de una nación, su permanencia o su caída, se decide según el espíritu que vive en el interior de su pueblo.

Entre los hombres, quienes más se han asemejado a los ángeles son los eremitas y los ascetas del desierto; esas almas que tomando de la tierra solo lo indispensable para la supervivencia de su cuerpo, se alimentaban día y noche de Su Espíritu, el Espíritu de la vida eterna y de la eterna juventud. Por eso, sus almas llegaron a estar tan bien nutridas y fortalecidas, que conservaron sus cuerpos vigorosos y robustos por más tiempo que aquellos que, movidos por un espíritu de debilidad y de inquietud, no alimentaron sus cuerpos y sus almas con otra cosa que no fuera el mundo.

Así como sucede con cada individuo, oh, príncipe, así ocurre también con un conjunto de individuos unidos entre sí: las naciones».

(Traducido de: Sfântul Ierarh Nicolae al Ohridei și Jicei; Fericitul Arhimandrit Justin Popovici, Taina și semnificația bătăliei de la Kosovo, traducere din limba engleză de Paul Bălan, Editura Anestis, 2013, pp. 84-85)


 

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