Palabras de espiritualidad

¿Para qué te confiesas?

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Confesarse no significa lavarse para luego arrojarse nuevamente al mismo fango.

Hay una antigua historia rusa, sobre una anciana que se confesaba con el mismo sacerdote año tras año, repitiendo siempre los pecados que había cometido en su juventud. Un día, el sacerdote le dijo: “Escucha, ya has confesado esos pecados por lo menos unas veinte veces. ¿Qué sentido tiene repetirlos una y otra vez?”. Y la mujer respondió: “¡No se imagina qué dulzura siento al recordarlos, padre!”.

Pues bien, si notas que algún pecado te despierta un recuerdo dulce, o si piensas que sería mejor si Dios tuviera otros gustos y fuera más indulgente con tal o cual cosa, entonces necesitas ir a confesarte y decir: “Estoy adorando a un ídolo: mi orgullo, o cualquier otra cosa que para mí es tan importante que me aferro a ella y la abrazo”. No es correcto restarle importancia a la confesión. Si dijiste que fallaste aquí o allá, también tienes que hacer algo al respecto. Confesarse no significa lavarse para luego arrojarse nuevamente al mismo fango.

(Traducido de: Mitropolitul Antonie de Suroj, Mai aproape de Hrisos: spovedania și iertarea, traducere din limba engleză de Dragoș Dâscă, Editura Doxologia, Iași, 2014, pp. 52-53)