Para salvar a alguien hay que saber cómo hacerlo

 

El sacerdote, aunque aparentemente se mantenga apartado del mundo, se implica con cuerpo y alma en la vida de cada persona.

Personalmente, como sacerdote, ¿qué postura cree usted que es mejor: aislarse entre muros de piedra o implicarse en los problemas que agitan al mundo?

—El Apóstol Pablo dijo: “Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran” (Romanos 12, 15). El sacerdote, aunque aparentemente se mantenga apartado del mundo, se implica con cuerpo y alma en la vida de cada persona.

Imaginémonos una embarcación y su borda, que separa a su único tripulante de otros hombres que han caído al mar y están a punto de ahogarse. Si el tripulante dispone de todos los medios necesarios para salvar a los náufragos, como cuerdas y salvavidas, podrá ponerse manos a la obra y tendrá éxito al ayudarlos. Pero, si lo que hace es arrojarse al mar para intentar salvarlos desde ahí, casi seguramente se ahogará con ellos. Para salvar a alguien debes saber cómo hacerlo, además de disponer de los medios necesarios para conseguirlo. Y los monasterios nos ofrecen esos recursos.

(Traducido de: Îndrumar creștin pentru vremurile de azi: convorbiri cu Părintele Ambrozie (Iurasov) ,vol. 2, Editura Sophia, 2009, p. 88)