¿Por qué envanecerse tanto?
Por desgracia, así son las cosas. El hombre se enorgullece en su corazón.
“¡Qué bien que estaba yo aquí para poder ayudarlo!”, ¡ahí empieza mi caída! (Es decir, mi propia caída).
Simplemente sucedió que yo estaba allí y pude ayudar. Pero, si no hubiera estado, Dios habría enviado a otra persona, porque el Señor dice: “Dios puede sacar hijos de Abraham hasta de estas piedras”.
Por desgracia, así son las cosas. El hombre se enorgullece en su corazón: “¡Lo ayudé! ¡Lo ayudé!”. Pero ¿quién eres tú? ¿Quién?
Y una cosa más... Cuando alguien nos haga un bien, digámosle:
—Eres verdaderamente bendecido, hermano. Agradezcámosle a Dios por haberte concedido la oportunidad de hacer esto; de lo contrario, Él habría enviado a otra persona en tu lugar.
(Traducido de: Maica Gavrilia. Asceta iubirii, Editura Episcopiei Giurgiului, Giurgiu, 2014, pp. 452-453)
