¿Por qué se nos olvida invocar el poder y el auxilio de la Santísima Virgen María?
Nosotros, los pecadores, somos negligentes en invocarla en nuestro auxilio.
¡Cuánta gloria y honor tiene ella allá en lo alto!, y nosotros, los pecadores, somos negligentes en invocarla en nuestro auxilio, porque no sabemos cuán grande será el dolor de nuestra alma a la hora de nuestra muerte. Por eso, dichosos y tres veces dichosos son aquellos cristianos en cuyos hogares no falta el ícono de la Madre de Dios, que mantienen encendida una lamparilla ante su santo ícono y leen cada día, al menos, un acatisto o un paráclesis en su honor.
Porque por medio de ella ha sido restaurado el género humano; Ella es la Reina de todos los ángeles y de todos los santos, y es nuestra Madre, la Madre de todos los pueblos de la tierra y de toda alma afligida y entristecida que la invoca en su auxilio.
(Traducido de: Arhimandritul Cleopa Ilie, Îndrumări duhovnicești pentru vremelnicie și veșnicie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2004, p. 151)
