Preséntale a Cristo la ofrenda del amor: una conciencia pura

 

Si el amor no busca el mal del prójimo (Romanos 13, 10), aquel que envidie a su hermano y, viendo su bienestar, se enfade, lo insulte y lo difame, estará demostrando que se encuentra muy lejos del amor, con lo cual se hará culpable y merecedor del castigo eterno. 

Si no quieres perder el amor que Dios nos ordenó practicar, no dejes que el sol se ponga sabiendo que tu hermano está enfadado contigo; corre a buscarlo, reconcíliate con él (Mateo 5, 24) y, al regresar, preséntale a Cristo, con tu oración ferviente, la ofrenda del amor: una conciencia pura.

Si tienes todos los dones del Espíritu, pero te falta el amor, de nada te servirán, como dice el Apóstol (I Corintios 13, 3). Luego ¡de qué forma estamos obligados a esforzarnos en alcanzarlo! Si el amor no busca el mal del prójimo (Romanos 13, 10), aquel que envidie a su hermano y, viendo su bienestar, se enfade, lo insulte y lo difame, estará demostrando que se encuentra muy lejos del amor, con lo cual se hará culpable y merecedor del castigo eterno. 

Si el que habla mal de su hermano y lo juzga, está insultando y juzgando la ley (Santiago 4, 11), y la ley de Cristo es el amor, entonces el difamador se aparta del amor de Cristo, negándose a sí mismo la misericordia eterna.

(Traducido de: Sfântul Maxim Mărturisitorul, Patru sute de cugetări creștine, Editura Credința Strămoșească, Iași, 1998, pp. 52-53)