Palabras de espiritualidad

A propósito del hermoso rol de la Madre del Señor

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Solo Ella, permaneciendo entre Dios y los hombres, hizo que Dios se hiciera Hijo del hombre y que los hombres llegaran a ser hijos de Dios.

Si las nueve jerarquías angélicas cayeran del Cielo y se convirtieran en demonios; si todos los hombres se volvieran malvados; si toda la creación —los cielos, los astros, los sacerdotes y los animales— renegara de Dios, todos esos males de las criaturas, comparados con la plenitud de santidad de la Madre de Dios, no podrían entristecer a Dios. Porque solamente nuestra Señora, la Madre de Dios, fue capaz de agradar a Dios en todo.

Solo Ella, permaneciendo entre Dios y los hombres, hizo que Dios se hiciera Hijo del hombre y que los hombres llegaran a ser hijos de Dios.

Sin su intercesión, nadie, ni ángel ni hombre, puede acercarse a Dios, pues solo Ella es la única frontera entre la naturaleza creada y la naturaleza increada. Solo Ella está inmediatamente después de Dios y ocupa el segundo lugar después de la Santísima Trinidad, por ser la verdadera Madre de Dios.

Ella sola no es únicamente el sagrario que guarda el tesoro de toda la riqueza de la Divinidad, sino también quien participa a todos —ángeles y hombres— los dones espirituales y divinos, así como los resplandores sobrenaturales que Dios concede a la creación.

Y no existe nadie que la invoque con fe y no sea escuchado con misericordia. El mismo Hijo de Dios, amado Hijo de la Virgen, nos dio a su Madre como Madre de todos nosotros y como nuestra Protectora, para ayudarnos en la obra de nuestra salvación.

Esta es la razón por la que los fieles acuden a ella con confianza filial, sabiendo que su intercesión maternal jamás cesa ante el trono de su Hijo, y que acompaña con amor a quienes buscan el camino de la vida eterna.

(Traducido de: Sfântul Nicodim AghioritulMaica Domnului în teologia și imnografia Sfinților Părinți, Monah Teoclit Dionisiacul, trad. Cristina Rogobete și Adrian Marinescu, Editura Bizantină, 2002, p. 20)


 

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