Palabras de espiritualidad

¿Qué carga preferimos llevar?

  • Foto: Victor Larie

    Foto: Victor Larie

Translation and adaptation:

La carga de Cristo se lleva con los ojos puestos en la vida eterna del Reino divino, mientras que la carga del mundo se lleva con la mirada puesta en la tumba.

En verdad, todos los hombres desean ser felices, pero son pocos los que no ponen su cerviz bajo un yugo cruel que no pueden soportar y cargan sobre sus espaldas un peso que no pueden llevar.

El Salvador del mundo habla de Su yugo y de Su carga, y dice que Su yugo es bueno y Su carga ligera (Mt 11, 29). Movido por la misericordia y el amor, llama a los hombres a acercarse a Él, para que aprendan de Él y encuentren descanso en Él. Venid —dice— a Mí todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas (Mt 11, 28-29). Y concluye su invitación con estas palabras: Porque Mi yugo es bueno y Mi carga es ligera.

¿Hemos reflexionado alguna vez profundamente sobre estas palabras de Cristo que acabamos de mencionar? ¿Nos habemos detenido a considerar la diferencia entre el yugo y la carga con que los hombres se abruman a sí mismos, y el yugo y la carga de Cristo? La diferencia es, verdaderamente, inmensa.

El yugo de los hombres mundanos consiste en creer que pueden hacerlo todo con sus propias fuerzas, sin la ayuda divina. El yugo de Cristo, en cambio, consiste en confiar incesantemente en el todopoderoso Padre celestial. Por eso, uno es cruel y el otro, bueno.

Y hay más: la discordia es la carga del mundo, una carga pesada; la reconciliación es la carga ligera de Cristo.

La venganza es también una pesada carga humana; el perdón es la carga ligera de Cristo.

La carga de Cristo es el amor, mientras que el odio es una carga desdichada.

La carga de Cristo es la verdad, mientras que la mentira es una carga del demonio.

La carga de Cristo es el amor fraterno, mientras que el amor egoísta a uno mismo es una carga pecaminosa.

El yugo de Cristo es la ayuda mutua y el espíritu de sacrificio, mientras que el robo y el despojo constituyen un yugo pecaminoso.

El yugo de Cristo es un yugo firme que conduce al Reino Celestial, mientras que afanarse por alcanzar el reino terrenal es un yugo que lleva a la perdición.

El yugo de Cristo es el camino estrecho que conduce al Reino de Dios, mientras que el camino ancho que lleva a la perdición es un yugo miserable.

La carga de Cristo es la santidad y la misericordia en todas las cosas, mientras que el camino de los pecadores es abominable en todo.

La carga de Cristo es la pureza de pensamiento y la honra, mientras que la de los pecadores es la deshonra y el libertinaje.

La carga de Cristo es la paciencia, que conduce a la victoria final, mientras que la de los pecadores es la impaciencia, que lleva a la desesperación.

La carga de Cristo se lleva con los ojos puestos en la vida eterna del Reino divino, mientras que la carga del mundo se lleva con la mirada puesta en la tumba.

¿Qué yugo es mejor y qué carga es más ligera? Sin duda alguna, los de Cristo.

(Traducido de: Sfântul Nicolae Velimirovici, Prin fereastra temniței, Editura Predania, București, 2009, pp. 55-56)



 

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