¿Qué hago si el disgusto me oscurece la mente?
Nuestra vida se ha degradado tanto, que pecamos cada día, y casi sin querer, incluso cuando estamos decididos a no hacerlo.
Debido a las innumerables imperfecciones que existen en nuestras relaciones mutuas, pueden surgir muchas situaciones críticas; y si nos molestáramos cada vez, ¡no nos quedarían más que unos pocos meses de vida!
Además, el disgusto y la irritación no corrigen las cosas; por el contrario, pueden empeorarlas, precisamente por su propia degradación. Es mejor permanecer siempre en calma, firmes en nosotros mismos, llenos de amor y de respeto hacia las personas cuya moral está herida, y especialmente hacia nuestros seres queridos, familiares y subordinados. Porque el hombre no es un ángel y, además, nuestra vida se ha degradado tanto, que pecamos cada día, y casi sin querer, incluso cuando estamos decididos a no hacerlo. “Pues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7, 19).
(Traducido de: Sfântul Ioan de Kronstadt, Viața mea în Hristos, Editura Sophia, București, 2005, p. 229)
