Palabras de espiritualidad

¿Qué he decir sobre Ti, Señor?

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Si la naturaleza encierra en sí tanta belleza, fuerza y poder, y da testimonio de ellos, ¿qué podremos decir de la fuente misma de esa fuerza y de esa belleza? ¿Qué podremos decir del Señor mismo?

¿Acaso podemos pensar que las flores que acarician nuestra mirada resplandecen de belleza únicamente para atraer, con sus colores y fragancias, a los insectos que las polinizan? ¡Claro que no! La belleza resplandece en toda la creación, y Dios nos la muestra incluso en los seres más delicados y frágiles. ¿No han visto qué belleza tan delicada, apacible y pura emanan los pétalos y las corolas de las nomeolvides, las violetas, los acianos, las campanillas de invierno y tantas otras flores? ¿No han percibido cuánta pureza y belleza se encuentran en estas pequeñas criaturas de Dios? ¿No han pensado que estas florecitas de Dios nos enseñan la pureza y la mansedumbre de las que ellas mismas están llenas?

¿No han pensado que el cielo estrellado ejerce una influencia espiritual especial sobre nuestros corazones por la belleza con que ha sido adornado? Cuando contemplamos este inmenso cielo cubierto de estrellas, nuestro pensamiento se eleva hacia la eternidad. Cuando contemplamos los peñascos imponentes, las rocas escarpadas, las cumbres ocultas por nubes oscuras; cuando, en un día lluvioso, permanecemos a la orilla del mar y vemos cómo la tormenta levanta olas gigantescas que cubren las rocas de la costa, ¿acaso no se estremece nuestro corazón de emoción al contemplar la fuerza y el poder de la naturaleza? ¡Qué pequeños e insignificantes nos sentimos entonces!

Si la naturaleza encierra en sí tanta belleza, fuerza y poder, y da testimonio de ellos, ¿qué podremos decir de la fuente misma de esa fuerza y de esa belleza? ¿Qué podremos decir del Señor mismo?

Él es la fuente de tanta belleza y poder. Él llena todo, Él está en todo. La asombrosa grandeza de las fuerzas de la naturaleza no es otra cosa que la manifestación de lo que encierra la naturaleza. En todo lo que nos rodea está presente el Espíritu Santo. Él “está en todas partes y todo lo llena”, todo es penetrado por el poder del Espíritu de Dios y de Su amor.

(Traducido de: Sfântul Luca al Crimeei, Predici, Editura Sophia, București, 2010, p. 344)


 

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