¿Qué le cuentas al médico cuando vas a consulta?
Hablar con tu padre espiritual de tus virtudes y tus éxitos, utilizando incluso un lenguaje pomposo, es una actitud farisaica, un signo de autocomplacencia y de vanagloria.
Hablar con tu padre espiritual acerca de tus propias virtudes y tus buenas obras, descuidando e incluso ocultando conscientemente las pasiones que infectan tu alma, es semejante a lo que hace un enfermo que conversa con el médico sobre su fortaleza y salud física, sin mencionar nada de la enfermedad que le consume el cuerpo.
Hablar con tu padre espiritual de tus virtudes y tus éxitos, utilizando incluso un lenguaje pomposo, es una actitud farisaica, un signo de autocomplacencia y de vanagloria; una conducta totalmente inapropiada, más aún cuando nos encontramos en la confesión, donde nos presentamos ante Dios.
Por eso no debemos olvidar que, en el momento de la confesión, nos presentamos y confesamos nuestros pecados ante Dios para alcanzar misericordia y recibir el perdón de los pecados.
Dios conoce nuestras virtudes, y por tanto no necesita ningún intérprete. Tal como ante el médico hablamos únicamente de nuestros padecimientos, lo mismo tenemos que hacer ante nuestro padre espiritual: confesar únicamente las pasiones de nuestra alma, con espíritu humilde y corazón contrito.
Y ya que quienes se confiesan esperan recibir la Santa Comunión, esto es un motivo más para que nuestra preparación sea lo más íntegra posible.
(Traducido de. Sfântul Nectarie din Eghina, Despre pocăinţă şi spovedanie, Editura Egumeniţa, 2004, pp. 87-88)
