¿Qué tan importante es estar atentos a que las cosas del mundo no nos desvíen de nuestro camino?

 

Un cristiano que se esfuerza en verdad, sabe cómo refrenarse, incluso mientras duerme. Si siente que aparece algún pensamiento impuro, se levanta y empieza a orar. Así, poco a poco, la conciencia se convierte en el faro de cada momento de nuestra vida.

El mundo actual tiene un dinamismo mayor que el de algún tiempo atrás. Pero, mientras más agitación y ruido hay en el mundo, más difícil es conservar una forma de pensar íntegramente cristiana. Desde aquí y allá nos embisten toda clase de ideas que vienen a perturbar nuestra vida. Por eso, es necesario permanecer atentos y lúcidos entre tantos torbellinos. Esto es, pues, lo primero que les pido: escuchen y obedezcan lo que dice el Evangelio, manténganse atentos y dejen de actuar de manera infantil.

Si sabemos guardar esa lucidez, también nuestro cuerpo se mantendrá en una constante y sana tensión. Esa tensión, incluso cuando dormimos, nos ayuda a no perder el rumbo de nuestra vida. La oración puede penetrar hasta ese punto que los psicólogos llaman subconsciente. Un cristiano que se esfuerza en verdad, sabe cómo refrenarse, incluso mientras duerme. Si siente que aparece algún pensamiento impuro, se levanta y empieza a orar. Así, poco a poco, la conciencia se convierte en el faro de cada momento de nuestra vida.

No permitamos que las cosas de este mundo nos dispersen. Concentrémonos con toda nuestra atención y esforcémonos en llevar una vida que corresponda con el espíritu de los mandamientos evangélicos.

(Traducido de: Arhimandritul SofronieDin viață și din Duh, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2014, p. 37)