Palabras de espiritualidad

¿Quieres sentir la presencia de Dios?

  • Foto: Stefan Cojocariu

    Foto: Stefan Cojocariu

“Ya seas un espejo o la tapa de una lata de conservas, jamás podrás brillar si los rayos del sol no caen sobre ti. Los santos resplandecían con la Gracia de Dios, tal como los astros refulgen con la luz que reciben del sol”.

Padre, la falta de fe es algo muy común en nuestros tiempos…

—Sí, pero también suele suceder que esos que dicen que no creen en Dios aún guarden en su interior un poco de fe. Un día, un chico me dijo: “¡Yo no creo que Dios exista!”. “¡Acércate un poco!”, le dije. “¿Escuchas cómo canta ese pajarillo? ¿Quién le concedió semejante carisma?”. El muchacho se conmovió mucho con mi respuesta. En ese mismo instante sintió que la dureza de su corazón desaparecía, al igual que su incredulidad. Y su vida cambió para siempre.

En otra ocasión, vinieron a visitarme dos hombres, de unos 45 años cada uno. Me contaron que, hasta ese día, habían llevado una forma de vida muy mundana. Y, del mismo modo en que los monjes decimos: “Esta vida no es más que vanidad, mejor renunciamos a todo ello”, mis dos visitantes decían lo mismo, pero a la inversa: “¡No hay otra forma de vida!”. Por tal razón, cuando eran jóvenes, decidieron renunciar a sus estudios, para dejarse llevar por la vida del mundo. Llegaron al punto de convertirse en meros “trapos sucios”, tanto espiritualmente como físicamente. El padre de uno de ellos murió de tristeza. El otro malgastó los bienes de su madre y la pobre se enfermó del corazón. Al terminar nuestra conversación, ya podían ver las cosas de otra manera. “¡Qué miserables somos!”, reconocieron. Al segundo de ellos le di un ícono para su madre. También quise darle uno al primero, pero lo rechazó. “Mejor deme una regla de esas de madera que tiene ahí para cepillar, padre”, me dijo. Y agregó: “Yo no creo en Dios. Creo en los santos”. Entonces, le dije: “Ya seas un espejo o la tapa de una lata de conservas, jamás podrás brillar si los rayos del sol no caen sobre ti. Los santos resplandecían con la Gracia de Dios, tal como los astros refulgen con la luz que reciben del sol”.

(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Cuvinte duhovnicești. Volumul II. Trezvie duhovnicească, traducere de Ieroschimonah Ștefan Nuțescu, ediția a II-a, Editura Evanghelismos, București, 2011, pp. 305-306)